Covid-19: navegando a ciegas

“Diversos estudios académicos e investigaciones periodísticas, nacionales e internacionales, han demostrado que el registro de casos y muertes por Covid-19 y su difusión por parte del gobierno federal mexicano han sido todo menos diáfanos.

Julio Frenk y Octavio Gómez Dantés

“Diversos estudios académicos e investigaciones periodísticas, nacionales e internacionales, han demostrado que el registro de casos y muertes por Covid-19 y su difusión por parte del gobierno federal mexicano han sido todo menos diáfanos.

Además de la necesidad de contar con datos objetivos para poder planear los siguientes pasos de la lucha contra la actual pandemia -en particular, la reapertura de la economía-, hay una obligación de transparencia y rendición de cuentas que se está eludiendo.

Sobre la base de cifras de dudosa confiabilidad, el gobierno ha lanzado ahora una campaña de propaganda con el mensaje de que su estrategia ha tenido éxito, lo cual representa un peligro para la salud de los mexicanos, un serio riesgo para la reactivación de la economía y un retroceso para la democracia.

Después de que diversos expertos nacionales cuestionaran a finales de abril los métodos de cálculo de los casos de Covid-19 en México utilizados por la Secretaría de Salud federal, cuatro medios internacionales de intachable reputación (New York Times, Wall Street Journal, Washington Post y El País) publicaron, a principios de mayo, los resultados de cuatro investigaciones independientes que llegaron a la misma conclusión: el número de casos y muertos por Covid-19 reportados por las autoridades sanitarias del país están subestimados.

«El gobierno mexicano», señaló el NYT, «no está reportando cientos, tal vez miles, de muertes por coronavirus en la Ciudad de México».

El vocero de la Secretaría de Salud para la pandemia contestó con un absurdo argumento político que, como técnico de dicha Secretaría, no le correspondía formular.

Lejos de refutar los hallazgos con evidencias rigurosas, intentó descalificarlos acudiendo al desgastado expediente político de acusar una sospechosa «sincronía» con la que se publicaron las notas.

Diez días después, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad difundió los resultados de una investigación que demostraba que en la Ciudad de México se habían emitido, entre el 18 de marzo y el 12 mayo de 2020, 4577 actas de defunción en las que aparecía como causa de muerte la infección por Covid-19, tres veces el número de decesos reportados por esta causa por la Secretaría de Salud federal para la ciudad capital para ese periodo, reforzando así las evidencias presentadas en los cuatro periódicos antes mencionados.

El 25 de mayo, la revista Nexos publicó un ensayo de Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel titulado «¿Qué nos dicen las actas de defunción de la Ciudad de México?» en el que se demuestra que las cifras de muertes por Covid-19 para la Ciudad de México que están difundiendo las autoridades federales están subestimadas.

Usando como fuente las actas de defunción, comparan el número de muertes promedio en la Ciudad de México en los meses de enero a mayo en el periodo 2016 a 2019 con el número de muertes en esos mismos meses en 2020.

La diferencia en el número de muertes entre estos dos periodos arroja lo que se denomina «exceso de mortalidad», que fue particularmente alta en abril y mayo.

Dada la situación epidemiológica actual, el exceso de mortalidad puede atribuirse, en un alto porcentaje, a las infecciones por Covid-19. De acuerdo con los autores de este ensayo, el número de muertes en exceso en la Ciudad de México entre enero y mayo de 2020 asciende a alrededor de ocho mil, cifra cuatro veces superior a los 1,832 decesos por Covid-19 que reporta la Secretaría de Salud para ese periodo.

Ello representa uno de los mayores niveles de subregistro en el mundo, lo cual sin duda refleja la inexplicable reticencia del gobierno mexicano a realizar pruebas.

Los hallazgos de todos estos estudios nos indican que muchas muertes por Covid-19 no se están registrando, pero también que un elevado número de las personas que han muerto por esta enfermedad en la Ciudad de México -y en muchas otras localidades del país- han fallecido en casa.

Las razones son múltiples. Tal vez no acudieron al hospital porque temían contagiarse con el virus. Pudieron también agravarse súbitamente y no alcanzaron a llegar a una unidad de salud.

Lo más probable, sin embargo, es que haya habido una pobre capacidad de respuesta de los servicios de salud de la ciudad y problemas muy serios en la calidad de la atención.

Muchos pacientes posiblemente llegaron a los hospitales, pero no pudieron ser atendidos por falta de capacidad. Los institutos nacionales de salud que se convirtieron en hospitales Covid-19, por ejemplo, se saturaron casi de inmediato.

Otros pacientes simplemente no acudieron a los hospitales porque no confiaban en la calidad de los servicios ofrecidos.

Las altas tasas de letalidad reportadas desde el inicio de la pandemia, sobre todo en los hospitales del INSABI, seguramente ahuyentaron a muchos enfermos no sólo de Covid-19, sino también de otras enfermedades graves.

Todo parece indicar que la estrategia de reconversión hospitalaria está muy lejos de ser el caso de éxito que proclama la propaganda oficial.

En ausencia de datos precisos, México está navegando a ciegas en medio de una de las peores crisis de su historia.

La falta de transparencia no impedirá que muy pronto los ciudadanos, la comunidad científica y los medios de comunicación les pidan cuentas a nuestras autoridades de salud. Se les exigirá que expliquen, con detalle, las causas de los inadmisibles subregistros de casos y decesos.

También se les pedirá que respondan por los miles de muertes evitables que produjo el retraso en la respuesta inicial a la pandemia y las que está produciendo la defectuosa respuesta en curso.”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: