La enfermedad por covid nos une y nos separa

Tenía muchos planes, desde comprometerme con mi novia, continuar con un pequeño negocio y varios paseos que no se pudieron concretar, debido a la pandemia por Covid-19.

Iván Gustavo Piedras Pirrón

 

CDMX a 20 de septiembre de 2020 (Maya Comunicación).- Tenía muchos planes, desde comprometerme con mi novia, continuar con un pequeño negocio y varios paseos que no se pudieron concretar, debido a la pandemia por Covid-19.

 

Aunado a ello, en las primeras semanas de haberse declarado la emergencia sanitaria se escapó mi abuelo de casa de mi tía, que vive en Xochimilco; su condición es delicada, porque tiene Alzheimer y no puede estar solo. De milagro un taxista lo trajo a mi casa, ya que mi mamá le apuntó nuestra dirección en un papel, que él lleva en la cartera.

 

Luego de este suceso, la situación familiar comenzó a agravarse debido a varios hechos. Habían pasado apenas unos días del extravío de mi abuelo cuando mi tía habló por teléfono para informar que uno de mis tíos murió a causa del Covid. Él vivía en Xochimilco, por lo que tuvimos que cuidar más tiempo del abuelo.

 

Durante varias semanas cuidamos de él de manera escrupulosa, ya que se había declarado fase 3 del Covid-19; y al tener 89 años, era más vulnerable al contagio. Un mes después volvió a la casa de mi tía sin mayor contratiempo.

 

Entonces sucedió una situación aún más complicada. Mi mamá se infectó de Coronavirus, por salir al súper, en el que se anunció poco después se habían registrado varios contagios.

 

Al infectarse mi mamá, acudimos rápido a un doctor, a quien conocemos desde hace dos años y que vive en la misma unidad habitacional que nosotros. Y como mi mamá es hipertensa, recibió un tratamiento más riguroso, que el recibido por el resto de los contagiados, según dijo el médico.

 

Por fortuna, no fue necesario internarla. Durante un mes la cuidé hasta que se recuperó por completo (creo que yo también tuve coronavirus, aunque asintomático).

 

Esta pandemia me ha afectado en muchas cosas, desde la situación que viví con mi mamá; el hecho de no poder ver a mi novia y a mi familia desde hace meses, hasta algo tan simple como no poder salir a “dar la vuelta” o a comprar algo.

 

Lo cotidiano cambió. Ahora debemos tener nuevos hábitos, tanto en casa como en el exterior; como pedir en línea o por teléfono las compras; limpiar y hasta sanitizar las cosas que vienen de fuera. Usar el cubrebocas y/o la careta cuando salimos a la calle y entramos a lugares públicos como tiendas o bancos.

 

Sólo espero que la situación mejore y pueda salir con más seguridad, pues estoy cansado del encierro; de no poder salir a hacer actividades o visitar a un ser querido.

 

Y como uso transporte público (principalmente Metro), debo esperar a que el semáforo epidemiológico indique mejores condiciones, ya que me toparé con altas concentraciones de gente; y a pesar de haber estado infectado, quizás, el riesgo de contagio sigue latente.

 

Han sido experiencias difíciles, pero algo bueno que me ha dejado esta situación es más tiempo para afinar mis capacidades artísticas. Y, sobre todo, apreciar más a la gente amada, pues a veces pasamos mucho tiempo con esta y no la valoramos en su magnitud.

 

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