La influencia árabe en México, una entrevista con Ana Paulina Gámez

Es bien conocido el legado de España en las manifestaciones culturales y artísticas de nuestro país, sin embargo, poco se ha hablado de la influencia que tuvo la cultura árabe en México, misma que llegó como resultado del mestizaje suscitado en Europa 29 años previo a la conquista de México-Tenochtitlán.

Elizabeth Montiel

Foto principal: Sergio Ávila (es la imagen que se llama Ana Paulina Gamez).

Fotos que acompañan el texto: Arturo A. Barrera Hernández y cortesía del MAP

CDMX a 29 de agosto de 2019 (Maya Comunicación).- Es bien conocido el legado de España en las manifestaciones culturales y artísticas de nuestro país, sin embargo, poco se ha hablado de la influencia que tuvo la cultura árabe en México, misma que llegó como resultado del mestizaje suscitado en Europa 29 años previo a la conquista de México-Tenochtitlán.

Conversamos con Ana Paulina Gámez, curadora encargada de la exposición La Huella Hispanomorisca en México que se inaugura este sábado 31 de agosto en el Museo de Arte Popular y que toca este tema con mayor detalle.

Ana Paulina Gámez, es doctora en Historia del Arte por la UNAM y ha realizado diversos estudios acerca de Arte Popular y Artes Aplicadas, siendo especialista en textiles y cerámica.

Maya Comunicación (MC): ¿A qué nos referimos cuando hablamos acerca de lo hispanomorisco?

Ana Paulina Gámez (APG): Los moriscos son los musulmanes que se quedaron en España una vez que los Reyes Católicos concluyen la reconquista de la Península Ibérica.

Durante 800 años, cristianos y musulmanes se debatieron por el control de las tierras de lo que hoy se conoce como el sur de España, la que fuera ciudad de Granada, Capital del Reino Nazarí, último reducto islámico de la Península Ibérica.

Los árabes ocuparon ese territorio hasta que cayó el Reino de Nazarí, en 1492. Quienes quedaron de ellos son a los que se atribuye el nombre de moriscos.

Se piensa que la presencia árabe desapareció de España tras aquella experiencia, pero en realidad permaneció por más de un siglo, quedando obligada a convertirse a los preceptos católicos; sin embargo, conservó muchas de sus costumbres.

Cuando los españoles vienen a México, ellos ya traían una cultura mestiza producto de ese encuentro cultural con los árabes y es esa misma la que siembran en la población mesoamericana.

MC: Entonces hablamos de un doble mestizaje, el español-árabe y el que sucede en México…

APG: Así es, aunque también ingresaron de manera clandestina algunos moriscos al país. Fray Juan de Zumárraga fue uno de los que solicitó se enviará moriscos a México para apoyar en las tareas de cultivo y manufactura de seda, con el fin de que se enseñaran esas artes aquí. Se autorizó, también, que pasaran alarifes y arquitectos moriscos. Pero, al ser estos demasiados, llegó un momento en que la reina Juana de Castilla y el emperador Carlos ordenaron se detuviera esta migración, ya que les preocupaba que la fe musulmana de los moriscos influyera en los nuevos cristianos y les resultara contraproducente.

MC: ¿En qué forma podemos hallar manifestada la cultura hispanomorisca en México?

APG: En muchas, una de ellas es el lenguaje. El español mexicano usa entre 4000 y 7000 arabismos. Las palabras almohada, alberca y aceite son algunas de ellas.

Otro punto fundamental es la comida. Hay ingredientes que son de origen árabe y que encontramos incluso en platillos emblemáticos. Tal es el ejemplo de los Chiles en Nogada, la granada y el perejil tienen origen en tierras árabes.

La nuez, la manzana, el melón, la sandía, los duraznos o los que siempre agregamos al mole, que son el ajonjolí y las almendras, son otros ejemplos.

El escabeche –para hacer los chiles– es una receta que también tiene origen allá. O una incluso más potente: el Tequila; solo que en el caso de este lo que se retoma son las técnicas de doble destilación. Los árabes las usaban para la perfumería y la medicina, pero cuando este saber entra en España, los cristianos lo utilizan para destilar vino y producir Brandy y Jerez. Después, en México, como estaba prohibido el cultivo de la vid, se usa para destilar jugos de plantas locales y de ahí surge el Tequila.

MC: ¿Y en el arte mexicano? ¿Cómo podemos identificar esa influencia?

APG: Esta sucede principalmente en las artes populares. Podemos encontrar motivos geométricos y abstractos en la decoración de cerámica, de muebles finos, de artículos de cuero e hierro y en detalles de la arquitectura del siglo XVI.

Las técnicas de cerámica como la mayólica, que consiste en una pieza de barro que tiene una cubierta blanca sobre la que se pinta. Para obtener ese resultado se hace una mezcla de Plomo, Sílice y Estaño, esto la hace opaca y le da un color crema.

En la arquitectura no hay una influencia que se vea reflejada en la totalidad de los edificios, sin embargo, hay decoraciones que nos hablan de ello.

MC: Adelántanos un poco de lo que veremos en la exposición…

APG: Para la exposición tomamos fotografías de edificios recubiertos con azulejos, ajaracas, sacamos muchos techos, arcos de diferentes formas, fuentes, eso lo hicimos en Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Michoacán, Morelos y, con ayuda de colaboradores del museo, conseguimos imágenes de edificios de Yucatán y Chiapas.

Como muestra del trabajo en hierro tendremos algunos cuchillos y algo de lo hecho en rejas. Encontramos varias espuelas de cruz que son muy típicamente árabes. Habrá objetos incrustados con metales preciosos.

Vamos a tener cosas de talabartería y textiles, en cuanto a este último sobresale una prenda llamada almaezal, que usaban las mujeres para cubrirse la cabeza cuando iban a la iglesia o salían a la calle. Con el paso del tiempo esta prenda se convirtió en lo que hoy conocemos como rebozo y que las mujeres indígenas de nuestro país adaptaron a sus propias técnicas de elaboración y diseños.

MC: Qué es lo que consideras las personas se llevarán de esta exposición, ¿por qué es importante?

APG: Nos han hecho pensar que hay una enorme diferencia entre la gente que vive en la ciudad y la que vive en el campo, o la de raíces criollas con la de raíces

indígenas u origen mestizo. Y una exposición como esta nos da constancia de que son menos las diferencias culturales que tenemos entre unos y otros.

Las hermanas de mi abuelo, por ejemplo, fueron criadas como niñas de sociedad, pero sus cuentas de todos los días las hacían en náhuatl, porque sus nanas les habían enseñado.

Otra cosa muy común son los textiles, hay motivos de origen árabe que hoy se consideran totalmente indígenas. Quizás estos se aprendieron en las casas donde trabajaban las mujeres.

En fin, desde los objetos hasta algunos de los santos son fruto de un intercambio cultural que ha sucedido todo el tiempo en distintos puntos del planeta. Entonces creo que tenemos muchas más cosas que nos hacen un país globalizado de las que somos realmente conscientes.

Acercarse a esta exposición es una oportunidad para conocer un poco de aquello que compartimos con otros.

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